LOS NOMBRES DE LOS DÍAS


El libro Los nombres de los días fue publicado por Ediciones Veramar &  Revista Escarabeo en la colección POEMAS HUMANOS en Bogotá, Colombia, 2008.

Los nombres de los días
Contenido
Lunes
6 A. M.: Los charcos de los andenes
11 A. M.: Infierno

Martes
1 A.M.: Insomnio
5 y 30 A. M.: Todos los días

Miércoles
4 P. M.: Las sombras de las tapias
5 P. M.: El goce
6 P. M.: Desdén
7 P. M.: El Cid campeador

Jueves
4 A. M.: Él en los kilómetros
6 y 30 P. M.: La cerradura, la llave
7 P. M.: El cerco

Viernes
6 A. M.: Un antiguo nuevo amor
11 y 58 P. M.: El océano de la noche

Sábado
10 A.M.: Secreto
4 P.M.: Él y su ciudad
5 P.M.: A un iniciado

Domingo
1 A. M.: Palabras
11 A. M.: Víspera de viaje
7 P. M.: Noche de domingo
9 y 30 P. M.: Noche con recuerdo
11 y 28 P. M.: Escritura

Lunes
5 A. M.: Amor
6 A. M.: Dicha


Algunos poemas del libro Los nombres de los días:






MARTES
Nada. Ninguna voz.
Ni el recuerdo de las cosas soñadas, ni el reciente ayer que recoge sus huellas.
Las barcas vienen a pastar su tiempo haciendo remolinos en el cristal donde enrojece el vino.
Imágenes del vino cosechando felicidad a costa de antiguos dolores cerrados en música de tabernas, pequeños paraísos ajenos a mañana, ingenuos reinos de luz falsa y anhelada donde rondan los fantasmas amados.
Yo des recorro las horas, me adelanto al próximo amanecer que instalará sutil el diario caos. Compromisos, firmas, huellas de lo que no somos y parecemos frente al día.
Pero las barcas vuelven con remotas historias y una sutil nostalgia en la alegría que lucen sus navegantes. Logran darme envidia por un instante: me digo, me repito las historias de los viajes que no hice.
Las barcas y sus efímeras promesas de paseos alrededor del mundo amurallado.












1 AM: Insomnio

1.
Escribo en el insomnio.
Drogada de ausencia, enferma de nostalgia.
No me ufano del hombre que me esperaba al rayar el día para que hiciéramos rituales al color de las buganvillas.
Todo ello quedó atrás.
Hierve mi recuerdo donde retumba mi propia voz rezando que lo perdí.
Y con él, la dicha.
Pero aquí mi otra voz me replica que no lo haga, que no estalle de nuevo en sollozos, que acepte mi soledad.




2.
Escribo bajo el sol calcinante.
Aroma de samanes abre los manantiales que ruedan bajo mi lengua.
Intensidad de almíbar despierta mis poros preparándome otra vez para el amor.
No hablaré del amante que me escribía sus cartas en hojas negras y tinta dorada, no osaré pronunciar las letras de su abecedario.
Porque él y otros se han ido para no volver, y sólo el recuerdo de sus dientes nacarados cruje cariñosamente bajo mis orejas.
Sus imágenes pueblan mi camino en este lugar tan lejos de casa.
Puedo ser tan feliz aquí, pero no quiero.




3.
Tampoco mencionaré el poema que años atrás el príncipe pronunció con temor de labios levemente entreabiertos
Como un capullo asimétrico y joven
Henchido de timidez.




4.
Porque todo ocurre solamente en el recuerdo.
La opulencia de los besos y la embriaguez de la poesía.
La dulzura de los secretos.
La placidez de la tarde cuando la sonoridad de su voz desgranándose como un tango, corroía mi calma.
¿Por qué no decir el nombre del amigo que se acostumbró a dormir abrazado a mi espalda?
Murmurando tras mis orejas, respirando sus pesadillas en medio de la noche se daba media vuelta y observaba mi leve susurrar.
Yo sabía pero podía más el laberinto del que no quería regresar, no todavía, hasta no hallar el sentido de la promesa.




5.
Hablo de otro hombre que amé durante varias noches temiendo averiguar su nombre.
Sabía todo de él.
Su rabia.
Su aliento de ron para aromar sus historias y peregrinaciones.
Su mirada despectiva, su incredulidad.
Su falta de persistencia en su amor por mí.
Su desidia.
Pero yo le abría mi alma como sé hacerlo para poder soñar que vivo un amor verdadero.




6.
Sólo espero que esta escritura alivie mi corazón.








5 y 30 A.M.: Todos los días 
Me levanto y no rezo. Me repito que no volveré a lo mismo de ayer.
Reinicio el desordenado ritual de preparar cuerpo y ánimo para mostrar al mundo:
La prenda apropiada busco en el armario, la frase que taladra silenciosa mis oídos pronuncio en el silencio de mi boca.
No sale, se guarda, se recoge. Se unta maravillosamente de otros gritos que también quieren salir.
Todos los días me digo que no puede ser más esto.
Que no lo volveré, que no lo haré, que lo diré.
Y después de haber gozado en el sufrimiento de intentar aclarar mi pensamiento en la escritura, repito el desorden, la ambición, la locura, la codicia, y me digo que mañana será por fortuna otro día, en que habrá tiempo para los buenos propósitos.













MIÉRCOLES
Somos un barco que se retira para siempre a meditar el mar. Nos detenemos de pronto a respirar el sol. La vida no vale nada, escuchamos, y navegamos de nuevo.
En los bosques las hojas sufren nuestro olvido y las miramos otra vez pisoteando el amanecer que indefenso nos saluda.
Ahora ya no es ningún momento.
Ahora no lo podemos medir en calendarios ni anclarlo en nuestra voz como otro beso.
Ahora es un tiempo que no midieron nuestros padres, ni la tierra inocente que se nos abrió en un mal momento, ni nadie.
Ahora es para conjugarlo en otra tierra.










DOMINGO
Bajo la inmensa copa del árbol escalo los rayos del sol que han logrado atravesar el follaje. Mirar de repente el cielo que hay detrás, como en un descubrimiento.
Me pregunto por los poemas que me había prometido escribir hace ya tantos años.
Me dije, con Cavafis, que a otra tierra iría, que otra ciudad mejor que esta encontraría.
Y aquí sigo tal cual con mi ciudad adentro, debajo, detrás del árbol inmenso.
Los poemas siguen guardados en el nudo de mi corazón.
Los amores gritan intactos su acertijo, como un crucigrama difícil.
Aquí, tal cual, vuelvo a desear la lluvia que lava los andenes con juiciosa violencia, y la nitidez brillante que nos hace sentir renovados:
¿Qué otra cosa puede ser tan deseable como volver a recorrer el camino, esta vez sin ningún tropiezo, sin errar?