5 y 30 AM: Todos los días

Me levanto y no rezo.
Me repito que no volveré a lo mismo de ayer.
Reinicio el desordenado ritual de preparar cuerpo y ánimo para mostrar al mundo:
La prenda apropiada busco en el armario, la frase que taladra silenciosa mis oídos pronuncio en el silencio de mi boca.
No sale, se guarda, se recoge. Se unta maravillosamente
de otros gritos que también quieren salir.
Todos los días me digo que no puede ser más esto.
Que no lo volveré, que no lo haré, que lo diré.
Y después de haber gozado en el sufrimiento de intentar aclarar
mi pensamiento en la escritura,
repito el desorden, la ambición,
la locura, la codicia, y me digo que mañana será por fortuna otro día,
en que habrá tiempo para los buenos propósitos.


Del libro Los nombres de los días